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jueves, 12 de octubre de 2017

ASOCIACIÓN DE CERVANTISTAS 1874

Asociaciones gaditanas (IX).- Asociación de Cervantistas (1874)

Ramón León Mainez fue el auténtico alma mater del cervantismo gaditano. Ya en 1867 expresaba a través de la prensa una doble forma de honrar la figura del autor del Quijote. De una parte, la edición de una publicación periódica en torno a esta relevante figura y, de otra, la creación de una asociación que recordase su vida y su obra.   



El 7 de octubre de 1871 se publicaba por primera vez  un cuadernillo denominado Crónica de los Cervantistas, que se subtitulaba como “única publicación que existe dedicada al príncipe de los ingenios”. El 23 de abril del año 1872 se conmemoró el aniversario de la muerte de Cervantes con una celebración religiosa en la Iglesia de Santiago, a la cual siguió una velada en la casa de Adolfo de Castro. Además de diversas intervenciones literarias se solicitó que la fecha fuese declarada fiesta nacional, y se volvió a tratar sobre la creación de una academia cervantista. En 1874, cuando se  conmemoraba el 258 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, se constituyó  la Asociación de Cervantistas presidida por Francisco Flores Arenas. Tuvo su sede, en principio, en el Instituto Provincial y, luego, en el número 4 del Arco de la Rosa.


A partir del año 1875 observamos la nominación expresa de la Asociación en la edición en las veladas músico-literarias, que tomaron un carácter institucional cada 23 de abril, aniversario de la muerte del escritor. La publicación de la Velada de 1875 incluía este precioso grabado con el retrato de Cervantes.


 En el año 1877 la Asociación publicó la obra de Ramón León titulada Vida de Cervantes. Ese mismo año la velada anual del 23 de abril incluyó un concurso literario que fue duramente criticado por Adolfo de Castro, alejado ya de la asociación.  En octubre de ese mismo año fallecía el presidente Francisco Flores Arenas, que es sustituido por Romualdo Álvarez Espino, conocido krausista, que imprimió un nuevo carácter a la Asociación.

La fiesta del año 1878 fue organizada conjuntamente por los cervantistas y la Academia Gaditana de Ciencias y Letras, que había aprobado sus estatutos el 19 de mayo de 1876. El lema escogido para la velada manifestaba el comienzo de un larvado enfrentamiento con los que creían exagerado tal veneración por el manco de Lepanto: "¡ Gloria Eterna a Cervantes¡. ¡Confusión y mengua eterna a sus detractarores¡"
La propia Crónica de los Cervantistas recogía algunas de las respuestas a las críticas vertidas por algunos autores, que estimaban desmedido el afán por la exaltación del llamado Príncipe de los Ingenios.


En 1879 se dejaba de publicar el órgano oficial de la academia cervantista. Se demostraba el abandono que, progresivamente, sufría esta corriente cultural en beneficio de otra que elevaba a Calderón de la Barca a los altares cuando se acercaban los preparativos del bicentenario del fallecimiento de este último. La intelectualidad española de la Restauración, como sucede a menudo en nuestro país,  hacía un uso efímero de las conmemoraciones para favorecer su propio lucimiento. Es significativo que fuese también 1879 el último año  en el que aparece una referencia de la asociación en las Guías de la ciudad.

sábado, 7 de octubre de 2017

GREMIO DE EXPENDEDORES DE VINOS Y LICORES, MAS CONOCIDOS COMO DE LOS MONTAÑESES (1803)

Asociaciones Gaditanas (VIII).- Gremio de Expendedores de Vinos y Licores, o de los Montañeses.
Foto de la familia Fernández Ruíz en su establecimiento de Ultramarinos de Cádiz

La prosperidad alcanzada por Cádiz durante el siglo XVIII, tras el traslado de la Casa de la Contratación desde Sevilla,  sirvió de elemento de atracción sobre múltiples poblaciones cántabras que se encontraban durante la Edad Moderna en una amplia crisis económica. Progresivamente los cántabros fueron mopolizando los trabajos relacionados con la venta minorista de productos básicos de alimentación que completaban en un mismo espacio con la venta de vinos y licores. Esos establecimientos fueron conocidos como Ultramarinos y solían ser regentados por los llamados "montañeses". El efecto llamada provocó un importante éxodo que llegó a introducir en el lenguaje gaditano la palabra "chicuco" para definir al aprendiz de ese gremio y dentro del vocaburio cántabro el término "jándalos" para denominar a los cántabros que habían emigrado hacia el Sur y que normalmente regresaban a sus municipios para pasar el comienzo del verano. Antes de la presencia del ferrocarril  los documentos hablan de que los viajes desde Cantabria hasta Cádiz eran realizados a pie.

"Uniforme" habitual de los trabajadores de los Ultramarinos con bata color gabardina y cinturón del mismo color. Algunos calzaban las típicas albarcas de madera, zuecos utilizados en el norte de España.
En 1973 una chirigota gaditana denominada "Los Chicucos de Villacarriedo" incluía en su tipo elementos de su vestimenta. 
La abundancia de la colonia cántabra propició a comienzos del siglo XIX la formación de una organización gremial que uniese a sus integrantes. El proceso de la legalización del Gremio de Expendedores de Vinos y Licores, que duró casi treinta años, supuso no sólo una muestra de la  constancia de sus miembros sino también la historia de los vaivenes  legislativos que durante el primer tercio del siglo XIX padeció esta fórmula de corporación socio-profesional.  Más conocido como gremio de “los montañeses”, por el origen cántabro de la mayoría de sus asociados, sabemos que inició su proceso de aprobación  en el año 1803  cuando enviaron al  entonces gobernador militar y político de Cádiz  sus ordenanzas. Estas, fueron devueltas el 4 de junio para su reforma, y una vez realizadas  nuevamente enviadas a la misma autoridad. El gobernador elevó las normas el 5 de agosto al Consejo de Castilla  con el siguiente informe:
                                        
Cantonera de esquina de hierro con referencia al Ultramarinos Los Tres Reyes de Quintin González, calle Cervantes- Vea Murguía
   
"Se hallan libres del contagio general que produce toda agremiación, haciendo exclusivo entre cierto número de individuos el comercio, las artes ó la industria. Los daños que causan las visitas domiciliarias no tienen algún lugar, y en ellas se ven sembrados los mejores principios de equidad y justicia con que pueden ser gobernados sus individuos que los redima de la ruina que causan los pleitos; y el gobierno á  la primera vista tiene en caso necesario las ventajas a que dio origen el empadronamiento en general,  bajo cuyo concepto les dirijo a V.E. para que el Consejo se sirva determinar lo que estime conveniente acerca de su aprobación”.


Como se indica en la introducción de la publicación de sus ordenanzas, en enero de 1805 el Consejo de Castilla remitió las ordenanzas a la Real Audiencia de Sevilla que solicitó información a los interesados, pero la lentitud burocrática debió ser tan amplia  "que no llegó el caso de realizarse sin duda á motivo de la guerra de la independencia, y convulsiones políticas ocurridas en el Reino". Todo ello además se complicó por el fallecimiento de los encargados de gestionar el expediente.
Restos del anuncio de un Ultramarino en Cádiz.
Debió tener actividad aún sin tener aprobados los estatutos pues hemos encontrado una referencia a su restablecimiento tras el trienio constitucional. Pero no fue hasta el 18 de mayo de 1832  cuando inició de nuevo el proceso de legalización presentando nuevas ordenanzas ("por las que dejando sin efecto las anteriores han procurado sujetarlas a los usos y costumbres bien admitidos, y fijar por  observancias sencillas del gobierno interior  del gremio, contando además las desavenencias á que de lugar la falta de ellas").

La respuesta esta vez fue más rápida, informando la Real Audiencia de Sevilla favorablemente el 5 de diciembre de 1832 y  el Consejo de Castilla el 8 de febrero de 1833.  Poco después fallecía Fernando VII, y se iniciaba con la regencia de su esposa María Cristina el proceso de desarticulación gremial. El  gremio de los montañeses de Cádiz incluía entre sus miembros a los "cabezas de familia; los dueños, proveedores y factores de los almacenes; y los demás que hasta ahora han vendido efectos de carbón, azeite (sic), vino, vinagre, aguardientes y licores" que como puede observarse amplia el título original a un sector como es las tiendas de ultramarinos o de "chicucos" que dentro de la ciudad de Cádiz quedó en manos de los cántabros al menos desde el siglo XVIII y que continuó, aunque  en evidente retroceso, hasta nuestros días.
           

                     
Publicidad de Ultramarinos Casa Vergara en libretos carnavalescos.

La dirección del gremio estaba encabezada por un apoderado o diputado mayor, contando además con cuatro diputados,  un tesorero, un celador, un secretario y cuatro apreciadores. Todos los cargos eran anuales, excepto el de apoderado y el de diputados que eran bianuales. Sólo se permitía la reelección del apoderado siempre que obtuviese al menos tres cuartas partes de los votos, y esto sólo por una vez. Se establecía también un sistema de control de los cargos, eligiéndose anualmente ocho "conciliarios" eventuales para tomar las cuentas de la mesa.   


El número de cántabros mayoritariamente relacionados con el comercio al por menor de alimentos y vinos, continuó siendo muy elevado durante los siglos XIX y XX. En 1913 fundaron en el Barrio de San José el Centro Cántabro, lugar donde todavía se ubica. Además de favorecer el contacto entre su numerosa colonia, sirvió de lugar de colaboración patronal y edificaron una Casa de Salud que sirvió como mutualidad sanitaria para sus afiliados. En la foto fachada actual del Centro Cántabro, por desgracia no he logrado ninguna foto antigua de la preciosa finca de la entidad.









jueves, 5 de octubre de 2017

SOCIEDAD FOTOGRÁFICA DE CÁDIZ (1863)

Asociaciones Gaditanas (VII).- SOCIEDAD FOTOGRÁFICA DE CÁDIZ
Fotografía de la Iglesia del Carmen realizada por una expedición brasileña sobre el año 1860.

El 18 de febrero de 1863 se estableció en el estudio del fotógrafo Eduardo López, en el número 1 de la calle Comedias (Feduchy actual) segundo izquierda,  la primera Sociedad Fotográfica creada en España sobre este nuevo arte. Tres días más tarde los diez socios fundadores discutían y aprobaban en el mismo lugar sus estatutos, que fueron inmediatamente presentados al gobernador civil. El correspondiente informe del Consejo, que por entonces se encargaba de asesorar a la primera autoridad provincial,  fue favorable, haciendo la salvedad de que todavía la Sociedad no contaba con el número de socios exigidos por ley.


El objeto de la entidad era “estimular la afición al arte y conocer los progresos que éste haga tanto en España como en el extranjero”. Dividía a sus socios en residentes, transeúntes y corresponsales, éstos últimos estaban exentos de cuota tanto de entrada como mensual. Sus integrantes se obligaban a presentar mensualmente una prueba fotográfica,  y la asociación se reservaba la promoción de sus afiliados otorgándoles medallas de plata y cobre.

Su primera directiva estuvo compuesta por el abogado Pedro de la Sierra Villar como presidente, el también letrado Manuel Roche como secretario contador,  como tesorero el comerciante Francisco de la Viesca, integrando también la junta  Matías Seco, jubilado, José Fernández de Celis, propietario, José Requena, oficial del cuerpo de administración, y los fotógrafos profesionales Manuel Villet  Díaz, el ya nombrado Eduardo López y José Abeille Nal y Eduardo García Chicano. Precisamente, el  estudio conjunto que compartían estos dos últimos fotógrafos en la calle Duque de Tetuán (Ancha) nº 12  pasó a convertirse en el domicilio de la Sociedad a partir de finales del mismo año 1863. Mantuvo correspondencia con una asociación semejante de la ciudad francesa de Marsella y con el director y el redactor del periódico parisino Monitor de la Fotografía.

Libro de Rafael Garófano en facsimil ejemplares de EL ECO DE LA FOTOGRAFIA
Desde comienzos del mes de noviembre del año 1863 la Sociedad gaditana publicó un periódico mensual propio bajo el título de El  Eco de la Fotografía. Hemos podido consultar la casi totalidad de los aparecidos en el primer año de su publicación observando como gracias a la colaboración de sus asociados, se incluyeron artículos que incidían en los aspectos tanto teóricos como prácticos de la fotografía.  Destacaron las aportaciones de sus fundadores Manuel Roche, José Fernández de Celis, Francisco de la Viesca y José Nal, además de los de dos nuevos y prolíficos socios  Manuel Simo, corresponsal de Jerez que acudió a algunas de las sesiones quincenales de la asociación, y Francisco de Selgas, corresponsal de Madrid, que se incorporó como colaborador a partir del número 4 dentro de una denominada “Sección de Provincias”.  Otras veces se incluyeron artículos aparecidos en otras revistas, como la madrileña  El Propagador de la Fotografía, las francesas Revue Photographique, Le Moniteur de la Photographie y Boletín de la Sociedad Francesa de la Fotografía  y la belga Boletín Belga de la Fotografía.

Muralla de Cádiz por la actual Alameda hacia 1860.

El interés de El Eco de la Fotografía  radica no sólo en la interesante aportación de la Sociedad gaditana a la divulgación de este nuevo arte. Como su Boletín Oficial  nos ofrecía, aunque con mucho retraso, información de la propia vida asociativa. Periódicamente aparecía un extracto de las reuniones realizadas de las que deducimos la existencia de juntas quincenales, que se celebraban los días primero y quince de cada mes. En estas sesiones, además de dar conocimiento de la admisión de nuevos socios, se conocían las pruebas fotográficas realizadas por sus miembros. Los estatutos obligaban a los socios a presentar una prueba mensual, que debió ser una tarea dificultosa sin nos atenemos a los continuos llamamientos realizados por el presidente. En la sesión del 15 de junio de 1863 se presentaron por primera vez las pruebas exigidas, ofreciendo siete afiliados sus trabajos. En la misma sesión el presidente expuso la conveniencia de omitir la calificación de las pruebas para evitar disgustos a aquellos que no se viesen recompensados suficientemente, declarando por ese motivo en suspenso el artículo 35º de la normativa interna.
La Plaza de San Juan de Dios hacia 1860 con el Mercado todavía sin derribar.
Favorecieron también la participación de sus socios en las grandes exposiciones internacionales aprobando imprimir una circular acerca de la que se iba a celebrar en París. Se adhirió igualmente al propósito de la revista madrileña El Propagador de la Fotografía para celebrar una exposición de fotografía española en Madrid, iniciando una suscripción que abrió con una aportación propia que no encontró amplios apoyos.  Aprovechando los viajes de dos de sus miembros a Paris y Madrid, concretamente de José Nal y Francisco de la Viesca, realizaron sendas memorias dónde manifestaban que, ni en la  entonces capital de la cultura y del arte europeo, ni en los gabinetes madrileños, observaban grandes novedades con respecto a lo que se hacía en Cádiz.

De la lectura de El Eco de la Fotografía podemos deducir también el espacio que la sociedad española dedicó a este nuevo arte. En su primer número los redactores anunciaban los beneficios que la fotografía iba a proporcionar tanto a las ciencias como a las artes. Comparándolas con las edades del hombre, consideraban que la fotografía se encontraba en la infancia, en donde se busca más la distracción y el entretenimiento, y que se empezaba a notar la adolescencia en cuanto se comenzaba a aplicar su utilidad. Después de alabar a la Física y a la Química como las dos ciencias que se convierten en el fundamento del nacimiento de la fotografía, expresaban que los gobiernos de las naciones verdaderamente civilizadas habían estimulado su estudio, ofreciendo premios y privilegios a los que realizasen avances en la nueva técnica, además de incorporar su enseñanza en los planes de estudio.
El conflicto entre la fotografía y la pintura, que provocó en Francia el nacimiento del Impresionismo, tuvo también sus repercusiones en España. En Cádiz parece ser que la Academia de Bellas Artes ejerció una actividad protectora, admitiendo en sus exposiciones las pruebas de los aficionados a la fotografía. No debió ser igual el trato que se dio en Madrid, pues El Propagador de la Fotografía se quejaba de que no se dedicase ni siquiera un reducido espacio en el edificio destinado a la Exposición de Bellas Artes. El Eco,   al analizar dicha situación, expresaba que, efectivamente, en España se seguía manteniendo la idea de que para captar una buena imagen sólo se requería poseer un objetivo y conocer unas cuantas fórmulas sobre las manipulaciones concernientes al cristal y a la tirada de los positivos, pero achacaba gran parte de culpa a los propios aficionados, que no habían sabido, o más bien no habían querido formar, sociedades para elevar su voz al Gobierno ante semejantes injusticias.
El Campo del Sur y al fondo la catedral 1858 A. Gaudin
Justificaban el asociacionismo, además, como una forma de romper el aislamiento del fotógrafo en su gabinete mediante la ampliación de conocimientos, gracias a que en las juntas se habla con libertad de lo que se ha leído y se ha practicado. También la asociación suponía un estímulo al confrontar sus obras con las de sus compañeros. El seguimiento de su existencia nos lleva hasta 1866, año en que declaraba tener socios corresponsales en Sevilla, Córdoba, Madrid, París y Santiago de Cuba.

domingo, 1 de octubre de 2017

ASOCIACIONES FILARMÓNICAS GADITANAS A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

Asociaciones Gaditanas (VI).-

SOCIEDADES FILARMÓNICAS GADITANAS A MEDIADOS DEL SIGLO XIX.

Acudí la semana pasada a la Mesa redonda que se celebró en la UCA como adelanto de las representaciones que la Coral Universitaria realizará de la ópera "El Tio Caniyitas" en el Teatro Falla los próximos días 7 y 8 de diciembre.


Excelente el trabajo de Ana Barceló y las intervenciones de Desirée Ortega, Gloria Cano y la profesora María del Carmen García Tejera. Magnifico el trabajo y la degustación musical que se realizó al terminar el acto.  Acompaño parte de mi Tesis en la parte que habla precisamente el ambiente músical de Cádiz a mediados del siglo XIX cuando se produce el estreno de la obra.



             La existencia de numerosos teatros y salas en la ciudad durante el siglo XIX demostraba un amplio gusto por la música y el baile que quedó reflejado en la creación de varias sociedades que con el título de “filarmónicas” sirvieron de claros antecedentes de la Academia Santa Cecilia que se constituyó en 1859.  Aunando la enseñanza con el fomento de la audición de obras y la celebración de bailes,  aprovecharon los resquicios que la legislación permitía para convertirse en un importante referente del asociacionismo cultural y recreativo de mediados de la centuria. Paralelamente, se convirtieron en una salida profesional que favoreció la creación de sociedades de socorros mutuos que trataron de dignificar la condición laboral de los músicos.

             El 23 de setiembre de 1847 Ventura Sánchez de Madrid, secretario de la Academia Filarmónica Gaditana, solicitaba el consentimiento del gobernador para el primer concierto que debía dar la entidad a sus socios cinco días más tarde. Para tal fin especificaba en el escrito que "con el objeto de promover la afición Musical, y de que Cádiz tenga en su seno un establecimiento artístico en el cual las personas que se dediquen a tan divino arte encuentren la emulación y estímulo" se había establecido una reunión con el mencionado nombre en la casa del número 77 de la calle del Camino.
La continuidad de tal asociación debe considerarse en informaciones como las que nos señala un cartel impreso que anunciaba, para el miércoles 29 de agosto de 1849, un gran concierto instrumental en la calle de la Verónica nº 155 por los señores Malvasi y Lutgen. Una nota aparecida en el mismo documento indicaba que fueron acompañados por una orquesta compuesta en su totalidad por los "señores aficionados de la Sociedad Filarmónica Gaditana, los cuales se han prestado con la mayor amabilidad a acompañar á los espresados (sic) artistas”. Debió contar con un local que fue utilizado para  los ensayos de la sociedad ofreciéndose en el referido lugar además  bailes y  conciertos. También esta sociedad ofreció  funciones callejeras, pues hemos conocido algunas solicitudes para dar serenatas en los documentos del Gobierno Civil que se encuentran en Archivo Histórico Provincial de Cádiz.


             A  comienzos del año 1852 encontramos, posiblemente como solución de continuidad de la anterior, el Círculo Filarmónico Gaditano con sede ahora en la  Casa de la Camorra. Esta entidad ofrecía a sus socios  conciertos dominicales en su local de la Calle Empedrador. La Guía de 1854 elimina de su título la condición de filarmónico, convirtiéndose en Círculo Gaditano ubicado aún en La Camorra. La solicitud de permiso para celebrar bailes de máscaras en el Carnaval de 1854, realizada por José Bonmati en representación de “una sociedad de profesores de música” y otra con el mismo fin por el mismo individuo pero sin representar a nadie al año siguiente, nos hace pensar que la Sociedad Filarmónica pudo mantener su presencia en el mismo local hasta el nacimiento del Liceo en marzo de 1855.



             En el año 1853 nació la Sociedad Filarmónica Protectora del Arte impulsada por el profesor de música Luis Odero, que desempeñará un importante papel en el desarrollo de la futura Academia Santa Cecilia. Se estableció en el número 81 de la calle de los Tres Hornos de San Antonio. Un año más tarde, el local es ocupado por un grupo de aficionados al teatro que recuerdan en su solicitud de reunión que en ese lugar la Filarmónica había ofrecido bailes.  

jueves, 28 de septiembre de 2017

CALENDARIOS FOURNIER CON PIE DE IMPRENTA EN ANVERSO


En el año 1961 Fournier imprimió este calendario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro para anunciar una Empresa Harinera de Portugal. El reverso como se puede observar el clásico de la imprenta de Vitoria pero con el reverso en portugués y curiosamente la primera linea de cada semana comenzando en domingo frente al habitual lunes que suele indicarse en los españoles.


En 1966 y 1968, al menos, una tienda de confecciones gaditana realizó un modelo semejante utilizando el mismo modelo en anverso de la MADRE DEL PERPETUO SOCORRO también impreso por Fournier como se puede observar en el pie pero con un reverso que debió realizarse con alguna imprenta local pues no coincide con los formatos clásicos de Fournier. 
La calidad y el tamaño es semejante a los modelos de la imprenta alavesa. Intuyo que la tienda compraba las estampas con los reversos en blanco que luego encargaba para completar la información.

sábado, 23 de septiembre de 2017

JUNTA PATRIOTICA DE SEÑORAS DE CÁDIZ DE FERNANDO VII. 1811

ASOCIACIONES GADITANAS (V): JUNTA PATRIÓTICA DE SEÑORAS DE CÁDIZ DE FERNANDO SÉPTIMO. 1811

Foto de cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. La Junta Patriótica aunó en sus objetivos a mujeres provenientes del mundo del trabajo como a la aristocracia tanto autóctona como refugiada. Foto de los Archivos de Altadis.


             En noviembre del año 1811  se fundó la primera  asociación exclusivamente formada por mujeres que hemos encontrado en el siglo XIX y que se denominó Junta Patriótica de Señoras de Fernando Séptimo de Cádiz. A mitad de camino entre la beneficencia y el altruismo patriótico, nació posiblemente por una petición de la Junta Superior de Gobierno de Cádiz solicitando la colaboración para dotar a los ejércitos españoles de vestuario y complementos adecuados para su labor de defensa frente a los invasores. El guante fue recogido por “una gaditana” que lanzó un llamamiento a través de la prensa para hacer realidad este objetivo mediante una asociación.  Los primeros pasos para su establecimiento los dió Engracia Coronel que, junto a otras señoras, solicitaron el correspondiente permiso a la regencia, que no sólo accedió a la petición sino que también les facilitó algunos fondos. Eligieron una doble presidencia representada por la Marquesa de Casa-Rábago y  por la Marquesa de Villafranca, "aunque fuese forastera". También la secretaría era geminada, siendo el cargo desempeñado simultáneamente por María Lorenzo Figueroa Montalvo y María Gertrudis Carasa.

Plano de Cádiz en 1812 donde se muestra la división por barrios

En la sesión inaugural su principal promotora, Engracia Coronel, nos señalaba en un sentido discurso que el fin para el que se habían reunido era allegar dinero y vestuario para los ejércitos. Un viento democrático inspiraba el deseo de  la fundadora que expresaba “…todas somos iguales en voto y representación, porque nos reune un propio espíritu, un idéntico deseo, y una misma satisfacción”. Poco después redactaron unos estatutos. En la representación directiva aparecían tres  depositarias que se encargaban respectivamente de los efectos, de vestuarios y, una tercera, de prendas y donativos. Estaba organizada por barrios teniendo cada uno dos encargadas denominadas comisarias. La ciudad estaba dividida en esos momentos en 17 barrios, pero consideraron excesivamente amplios tres de ellos que, a su vez, fragmentaron en dos por lo cual quedó estructurada en 20 unidades administrativas.

                                 En el centro el uniforme de un oficial del Regimiento de Guadix
             Conocemos que sus asociadas elaboraron  sacos de todas clases, hilos, sábanas y almohadas para los hospitales. Pero su principal objetivo fue la dotación de vestuario militar adecuado. Ya el mismo día de su fundación la Asociación recibió tres oficios solicitando ayuda para diversos cuerpos de ejército. El primero solicitaba morriones y zapatos para cuarenta zapadores que, por no disponer de dichas prendas, no podían incorporarse al quinto ejército. Las propias asociadas hicieron frente con sus donativos a tal ruego. Un segundo escrito, enviado por Don Francisco Chipelle, comisionado del Conde de Penne Villamar, demandaba auxiliios para las tropas de este general. Su petición fue atentida inmediatamente, suministrando los géneros para la confección de camisas y chalecos para setecientos soldados.
Pero sin duda fue el requerimiento del coronel del Regimiento de Guadix el que provocó la movilización más notable de la Junta de Señoras. Perfectamente organizadas recorrieron todas las casas de la ciudad para conseguir subscripciones que hiciesen frente al elevado coste del vestuario completo del referido cuerpo. Trabajo que, además, se completó con el reparto de labores de costura realizadas por las propias señoras y otras colaboradoras, dejando parte de las hechuras a profesionales de la costura “cuya construcción no es buena si no se hacen por mano de oficial”.  El rápido resultado final se concretó el 23 de abril de 1812 con la entrega de 850 vestuarios completos a la tropa,  celebrándose tal acontecimiento con una celebración religiosa y el reparto por las propias señoras de un rancho especial a los soldados, compuesto por arroz, carne, tocino, pan, vino y naranjas. Música e himnos patrióticos completaron la feliz jornada.
            
             Estatutariamente se comprometían a publicar sus presupuestos dos veces al año. Así, al finalizar el año 1812 presentaban unas exhaustivas cuentas que arrancaban desde su fundación.  En el apartado de gastos destacaban las facturas de paño, lienzo, hechuras, mochilas, zapatos, correas y galones.  También aparecían partidas que confirmaban la adquisición de instrumentos musicales como trompetas y  tambores. En la relación se especifica que el destino de tales gastos era vestir al Regimiento de Guadix  y a la Artillería Volante. Aparte de esto, sólo se contemplan gastos para pagar a cuatro imprentas gaditanas, al escribiente de la secretaría y 30 billetes de la lotería nacional.
            

             Los ingresos provenían especialmente de las suscripciones y de los donativos de particulares. Destacaron las aportaciones del capítulo de  lo proporcionado por  entregas por una vez, que se cuantificaba de acuerdo con su división organizativa por barrios. Consecuentemente con las posibilidades económicas de sus habitantes observamos cantidades que van desde los exiguos 345 reales del barrio de Santa María y Merced, los 2.922 de la Viña, los 3.951,17 de Capuchinos o los 4.029,24 de San Roque y Boquete hasta lo recolectado en los barrios más pudientes como los 25.206 de San Antonio, los 25.390 de la Cuna o los 29.994 de Nuestra Señora de Candelaria. Otros donativos fueron recibidos de particulares diversos, entre los que se encontraban comerciantes, los editores de El Conciso, embajadores y cónsules de diversos países así como del nuncio de su Santidad, un diputado en Cortes por Lima, el obispo de Plasencia o el comandante en jefe de las fuerzas inglesas. Pero, por la cantidad aportada destacaron sobremanera las aportaciones realizadas desde La Habana y  Veracruz en onzas de oro, monedas de plata e incluso un cajón de plata labrada.

             La colaboración de las autoridades americanas, contactando con las damas de los dominios ultramarinos para que colaborasen en el proyecto, fue fundamental para formar los comités de socias comisionadas que enviaron tan notables donativos. La Marquesa de Someruelos fue la presidenta de la Junta de la capital cubana, pero en la misma ciudad fue loable la actividad desplegada por María Ignacia Sayas de Samanat que, en un empeño personal visitando a ricos y a esclavos, consiguió hasta 200 onzas de oro que fueron enviadas a la Junta de Cádiz.                        
Cuentas publicadas en EL CONCISO el 10 de febrero de 1813
            El celo por la transparencia de sus cuentas las llevó incluso a ofrecerlas mensualmente, pero desistieron por el propio coste económico de la impresión además de “por ser un escrito demasiado difuso para ser insertado en un periódico”.   Fueron  igualmente obteniendo aportaciones económicas tanto desde otras ciudades americanas como la mejicana Campeche, como desde los municipios españoles que iban siendo liberados de la ocupación francesa. La estrategia utilizada debió ser semejante a la realizada con las señoras de Sevilla. Una proclama dirigida al conjunto de damas de la ciudad, y  firmada por la secretaria de la Junta gaditana, informaba de los fines que perseguían y de los logros obtenidos, solicitando a continuación la formación de sociedades similares “convidándolas a que formen una subscripción mensual o donativo, que contribuya a moderar las inmensas fatigas con que compran nuestra libertad los ilustres defensores de ella”.  En Sevilla la convocatoria debió surtir un rápido efecto, puesto que una comisión formada por la Marquesa de la Granja,  la Condesa de Mejorada y la Condesa viuda de Montelirios envió invitaciones personalizadas para el logro de suscripciones.  De igual manera debieron crearse otras Juntas en Zafra, Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María, Málaga y Écija.

            
             Al ser liberado Fernando VII de su secuestro en Francia, la Sociedad organizó un acto religioso de acción de gracias. Su labor de ofrecer vestuario a las tropas continuó después incluso de terminada la guerra, como lo demuestra la entrega de un importante conjunto de  vestuario y complementos para el Regimiento de Caballería de la Reina avanzado ya el año 1815.  Estimando finalizados los objetivos por los que se había creado o, por ejemplo, la remitieron al Ayuntamiento un memorial que acompañaba con unos anexos sobre sus actividades informando de su intención de disolverse.



             El Municipio creó una comisión que agradeció el trabajo de la corporación y elogió especialmente a las asociadas que se dedicaron sin apenas límites al desempeño de las comisiones que les fueron encargadas.  De igual manera la Asociación entregó al rey un donativo de quince zurrones de añil. En agradecimiento, el 27 de julio del mismo año, el rey les concedió como distinción un brazalete de oro que se debería ceñir en el brazo izquierdo, y sólo con el traje de ceremonia, en el que estaba grabado la cifra de Fernando VII y el lema "A la Junta Patriótica de Señoras de Cádiz". El 5 de agosto, después de agradecerle la consideración tenida, solicitaban del monarca la “anuencia para su cesación”.


El espíritu de esta Junta volvió a manifestarse a finales de 1819 cuando una epidemia en Chiclana la hizo renacer para recabar limosnas para ayudar a los enfermos de dicha localidad.

jueves, 21 de septiembre de 2017

SOCIEDAD PROTECTORA DE ANIMALES Y PLANTAS DE CÁDIZ 1872

ASOCIACIONES GADITANAS (IV):

En el año 1872,  y amparada por la Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País, surgió la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Cádiz. Primera de tal nominación establecida en España,   estuvo ubicada en la Plazuela de la Oca número 1. Su fundador fue Ambrosio Grimaldi, profesor de dibujo y periodista que evolucionó desde tendencias cercanas al Partido Progresista  (a finales de los años 30 en la primera época de El Nacional)  vinculándose posteriormente al Partido Demócrata.

             Como en el caso de otras sociedades que hemos estudiado, su origen se sitúa en una tertulia que su impulsor organizaba “sobre puntos tomados de la Historia Natural”. El número de integrantes fue progresivamente incrementándose, decidiéndose el 18 de mayo de 1872 iniciar el proceso de creación de una asociación. Si bien ya existían en otros países entidades protectoras de animales, la Sociedad gaditana tuvo como elemento original la extensión de la idea conservacionista a las plantas. El 18 de junio siguiente se realizó la reunión constituyente, contando ya con 75 miembros, eligiéndose la junta directiva provincial recayendo el cargo de presidente en Ambrosio Grimaldi. Esta junta se encargaría de redactar los estatutos, teniendo como base diez puntos del pensamiento proteccionista que incluía los siguientes aspectos:
1.- Extensión del protectorado a los animales y vegetales.
2.- Educación de los animales, cultivo de plantas, aclimatación y mejoramiento de las especies de uno y otro reino.
3.- Concurrencia de la mujer.
4.- Introducción en las escuelas de las ideas protectoras.
5.- Propagación activa y enérgica.  
6.- Solicitud y sostenimiento de las relaciones internacionales.
7.- Reclamación en su día de leyes protectoras.
8.- Prohibición absoluta de asistir a las corridas de toros, riñas de gallos, …
9.- Establecimiento de un jardín zoológico.
10.- Derecho de asistir a las reuniones públicas y privadas, concedido a los señores directores de los periódicos locales, con voz y voto.
                        
             Su filosofía de la protección quedaba definida en uno de sus documentos que, por su interés, transcribimos integro: “El hombre es el más cruel de todos los seres creados. Ese rey de la naturaleza llama feroces a los animales que no ha podido sujetar a su voluntad, y que son hostiles a él y a las especies diferentes de la suya. Sin embargo es preciso reconocer que la crueldad de los animales tiene por causa el instinto de conservación, mientras que la del hombre reviste todas las formas de destrucción que sus pasiones le sugieren”.

          Para adquirir la calidad de socio se podía optar por una de las siguientes fórmulas: o ser presentado por otro socio o pedirlo directamente en secretaría. A cada socio se le hacía entrega de un diploma acreditativo de su condición, además de un reglamento de la Sociedad que devengaba una cuota de ingreso estipulada en tres pesetas. Aparte cada asociado satisfacía una cuota mensual de una peseta. Ni las señoras ni los socios corresponsales pagaban cantidad alguna, solicitándoles a estos últimos bien un libro para la biblioteca o bien una planta notable para el Jardín.

             El 18 de abril de 1873 fallecía Ambrosio Grimaldi, propulsor y primer presidente de la Sociedad. El impacto de la pérdida y, probablemente también, la sucesión de los acontecimientos políticos de la época provocaron la paralización de actividades, reanudándose las sesiones el 14 de mayo de 1874 con la reorganización de la junta directiva que quedó presidida por  Juan Copetiers.



             En el artículo sexto de su normativa preveía la creación en las escuelas de sociedades infantiles, para lo cual elaboró un modelo de estatutos que distribuyó a los directores de los colegios gaditanos. Establecía en el artículo cuarto de este modelo que los objetivos de estas secciones infantiles eran la “propagación y práctica de la idea proteccionista en animales y plantas, el rechazar y combatir la asistencia y fomento de aquellos espectáculos públicos que, como las corridas de toros y riñas de gallos, hacen sufrir cruel e innecesariamente a los animales y evitar por todos los medios posibles el mal trato, tanto de estos como de las plantas útiles”.
El director de la escuela se convertía en el presidente nato de estas Asociaciones, que disponían de una junta directiva compuesta por los alumnos asociados y que elaboraban reglamentos particulares. Para favorecer los fines perseguidos los alumnos debían expandir por otras escuelas la filosofía proteccionista, celebrando frecuentes conferencias y utilizando el Boletín de la Sociedad  como medio de conocimiento en el aula, exhortándoles a participar publicando trabajos en el periódico.  Se premiarían los hechos más notables de los asociados en materia ambiental, adjudicándose premios anuales, celebrando sesiones cada aniversario, estableciendo unos rasgos unitivos como era la utilización de distintivos particulares y considerando como “hermanos” al resto de los miembros de las diferentes secciones infantiles de la Sociedad. El asociado se comprometía voluntariamente a no asistir a corridas de toros ni a otros espectáculos de lucha entre animales, además de cuidar de los jardines y montes.



             No tenemos datos que nos permitan conocer la difusión práctica de los objetivos perseguidos con la creación de sociedades infantiles, pero sí sabemos del empeño propiciatorio que desde la directiva se dio para su consecución.  En 1876 organizó un certamen  que recompensaría la mejor manera de propagar la protección de animales y plantas en las escuelas primarias, contando con un premio que fue aportado por uno de sus asociados.  En una solemne sesión pública se dió lectura al acta que daba a conocer el fallo del jurado, que otorgaba el galardón al catedrático del Instituto Provincial de Cádiz Don Alfonso Moreno Espinosa por su obra  Los seres inferiores que fue impreso en 1878 en Cádiz.

             En ese mismo acto académico el secretario de la sociedad, Don Romualdo Álvarez Espino, también catedrático del mismo instituto que el premiado, ofreció una conferencia sobre la importancia de la extensión de la idea proteccionista en las escuelas. La adscripción krausista tanto del premiado como del disertador convergían en la esperanza de que la educación de los niños y de los adolescentes se convirtiese en objetivo prioritario para la reforma de la sociedad española.  No es pues de extrañar que en el discurso la continua alabanza de la infancia llegase a afirmaciones como “disponer del niño es disponer del hombre: dominar la Escuela es dominar las naciones”, abandonando cualquier regeneración de los adultos por “cuánto cuesta y cuán difícil es desarraigar errores de espíritus ya viriles”. No debemos olvidar que en 1876, año de la convocatoria del concurso, el también krausista Don Francisco Giner de los Ríos se encontraba confinado en el gaditano castillo de Santa Catalina, lugar donde, al parecer, gestó la influyente Institutición Libre de Enseñanza que abundaba en las mismas ideas.

             Entre otros logros de la Sociedad Protectora encontramos que el Ayuntamiento de Cádiz añadiese en las ordenanzas municipales algunos artículos que castigaban con multas a los que ejerciesen actos de crueldad con los animales.   Pero fue su actividad antitaurina la que le dispensó un amplio conocimiento internacional. En agosto de 1875, siendo ya presidente Juan Copetiers, abrió un concurso para premiar a la mejor memoria sobre dicho tema. Se presentaron veinticinco trabajos. El trofeo consistió en 500 francos donados por la viuda de Daniel Dollfus, enviados desde la ciudad francesa de Mulhouse, y la publicación de las premiadas. Con posterioridad, la cogida del afamado diestro Frascuelo propició una exposición sobre la supresión de las corridas que fue remitida al Ministerio de Gobernación. A finales del año 1879 la Sociedad, apoyada por diecinueve sociedades extranjeras, envió una instancia al rey Alfonso XII para que ordenase la supresión de los espectáculos taurinos del programa de celebraciones que se habrían de celebrar con motivo de su boda. 

             Igualmente sabemos que premiaba a los que favoreciesen la aclimatación de plantas exóticas o propagasen las indígenas útiles.  En 1880 organizó una exposición de flores y plantas en el mismo lugar que un año antes había servido como sede de la Exposición Regional. Para tal certamen estableció una clasificación de productos a exponer, que dividió en cuatro clases, desarrollando un concurso simultáneo que premiaba los objetos destinados a mejorar la suerte de los animales. Asimismo, para tal actividad editó un reglamento de veinte artículos firmado el 15 de mayo.




            Desde julio de 1874 publicaba mensualmente el Boletín de la Sociedad Protectora de los Animales y las Plantas de Cádiz,  que añadía el lema “Compasión, Justicia, Higiene, Civilización, Moral”. Los ejemplares estaban preparados para encuadernarse por años (de julio a junio,) editando cinco tomos hasta junio de 1879. En los ejemplares consultados hemos encontrado referencias a la propia vida asociativa con la publicación de las memorias anuales y extractos de las sesiones directivas. Además, aparecen multitud de artículos  sobre la vida y curiosidades de animales,  cultivo de plantas y flores,  junto a otros de defensa de la conservación de la naturaleza. Entre sus afiliados honorarios contaba con destacados miembros de las sociedades protectoras de Londres, París y Palermo, además de un curioso Mister James Lick de la californiana ciudad de San Francisco. También tenía un centenar de socios residentes, y disponía de multitud de corresponsales en diversos pueblos y ciudades de España, así como en Berlin, Gibraltar, Hamburgo, Mont de Lans (Francia), Oporto, Oran, París, San Francisco,  Veracruz y Wies Baden (Alemania).  Desde  julio del  año 1879 la publicación pasó a denominarse  Anuario de la Sociedad Protectora de los Animales y las Plantas de Cádiz pero con una estructura semejante de cuadernillos mensuales. La Sociedad tuvo existencia hasta 1885.

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PRESENTACIÓN

Mi Fournier más antiguo es del año 1953. Concretamente uno de Cinzano. En total tengo 12 de esa década. De 1955 uno de Hispano Olivetti. De 1956 dispongo uno religioso de Nuestra Señora de las Lágrimas. De 1957 tengo además de la misma Virgen otro de Santo Domingo Savio. El mismo santo lo repito en 1958 junto al primero de los que editó CAJA POSTAL.
De 1959 tengo 5: CAJA POSTAL, ANTICARIOL, BRANDY FELIPE II, BRANDY GALEÓN y MARIA AUXILIADORA.

FOURNIERS DE LOS CINCUENTA

FOURNIERS DE LOS CINCUENTA
Cinzano 1953